Los palos del sombrajo

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NOTA: Este post lo comenzamos a escribir el día 2 de mayo. Ese mismo día fue cuando la Policía Federal de Brasil nos dijo que se nos había caducado el visado y que estábamos ilegales en el país. A partir de ahí todos conocéis la historia.

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Hace un año llegábamos a Salvador de Bahia, dispuestos a pasar los tres años siguientes en Brasil, más concretamente en Juazeiro, trabajando en la Comisión Pastoral de la Tierra en defensa de los derechos de los más pobres.201209290101.jpg

Con ilusión pero también con el respeto que impone lo desconocido nos fuimos adentrando poco a poco en la realidad del campo nordestino, de la iglesia brasileña, en fin, en el Nuevo Mundo en el que nos encontrábamos.

Durante este año os hemos contado en el blog “Pregúntale al Misionero” algunas cosas de nuestra vida aquí: la labor que vinimos a desarrollar, algunos viajes, anécdotas, etc.

Traía la maleta llena de conocimientos intelectuales de la Escuela de Formación Misionera, de la preparación de Ocasha (tanto de la formal del Equipo de Formación como de la que se deriva de los compañeros de Ocasha contando sus experiencias). Venía sin expectativas, dispuesto a dejarme sorprender. O eso creía. ¡Iluso! En realidad venía lleno de ideas de cómo era Brasil, la Misión, la CPT, la labor del Misionero, la vida de las Comunidades, etc. Y esas ideas, al contrastar con la realidad del lugar me descolocaron inmensamente, hasta el punto de preguntarme “¿qué es lo que he venido a hacer aquí?” y a dudar de la necesidad mismo de la Misión.

Para los de Ocasha, que habéis ido y vuelto y habéis pasado por lo mismo, supongo que lo que leo os provocará una sonrisa y un pensamiento de “pues lo mismo que me pasó a mí”, para los que acabáis de salir y estáis ahora en la luna de miel provocará una sonrisa rara y un pensamiento de “no creo que a mí me pase” y para los que no habéis estado nunca de Misión ni os lo habéis planteado os sonará a chino todo esto.

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Hasta aquí escribía el dos de mayo. Quería hablar, más que de las cosas que nos han “decepcionado”, de la otra cara de la moneda: el aprender a vivir en la provisionalidad, aceptar de Dios lo que venga cada día, fijarse el objetivo del Reino de Dios y lanzarse hacia él pese a todo y pese a todos… Y estar abierto a la sorpresa de Dios, que se empeña en cambiar nuestros planes y en desmontar nuestras ideas preconcebidas. De hecho teníamos nuevos proyectos para los próximos dos años que nos quedaban: Pastoral Penitenciaria, Grupo diocesano de jóvenes, Catequesis, Pastoral de la Salud, incluso comenzar la Pastoral de los Niños de la calle, para la cual ya habíamos recibido la aprobación de nuestro obispo de Juazeiro… Pero parece ser que los planes de Dios eran diferentes.

201209290102.jpg En esos momentos (que se prolongan hasta el día de hoy) no sentíamos como Jonás, que nunca está contento con la Misión que tiene. Primero no quiere ir a Nínive y su barco se hunde, le traga una ballena y lo escupe en Nínive y cuando va y predica y todo el mundo se convierte y Dios olvida su castigo, Jonás se queja porque ahora todas las amenazas que había inferido contra la población no se van a cumplir y él va a quedar como un mentiroso. Esto va acompañado de una pedagogía de Dios en Jonás. El libro no es muy largo y os aconsejo leerlo. Pues eso, nosotros igual: zarandeados de un lado para otro sin saber muy bien qué estábamos haciendo, continuamente aprendiendo a ser misioneros.

Y en España no ha sido diferente: estos meses que hemos pasado aquí -ya va para cinco- han sido complicados: por un lado queríamos volver a salir de Misión, por otro lado estábamos en fases diferentes: Jose tenía bastante más ánimo que yo… A veces la oración es seca, y en ese momento nos acordábamos de Santa Teresa:

si Vos queréis dadme oración

si no, dadme gran sequedad

si abundancia o esterilidad

¿qué mandáis hacer de mí?

Claro que al principio tienes muchas alegrías, porque ves a los amigos y a la familia, a quienes hemos echado mucho de menos pero después… la incertidumbre de la nueva salida, las tensiones, los proyectos que se caen… Y a esto se le unía el periodo veraniego en que todo queda paralizado y al cambio de Presidente de Ocasha… ¡en fin: menudo cuadro!

Es inevitable en esos momentos empezar a preguntarte en qué estará pensando Dios, incluso si de verdad tienes una vocación misionera, porque cuando estás despegando después de unos meses difíciles, te vuelve a tirar abajo tus planes y te tienes que volver aprisa y corriendo y encima aquí te dicen que no vas a volver… En realidad ése no es el camino para analizar la situación; los compañeros de Ocasha nos sugerían otro camino de reflexión: “No os preguntéis el por qué ha pasado esto sino el para qué ha pasado”. Claro, la perspectiva cambia con sólo cambiar un par de letras: en lugar de quedarte estancado en lo que ya pasó, intentas ver la mano de Dios en los acontecimientos que te han llevado a donde estás ahora y que te proyecta hacia el futuro. Y en esas estamos: José Manuel quiere volver a salir como Misionero de Ocasha a un proyecto de los Misioneros Consolatos en Mozambique y yo seguramente me reincorporaré a mi antiguo empleo aquí en Madrid.

En cualquier caso, la Misión siempre estará ahí, esperando; porque la Misión existe independientemente del tiempo y del lugar (como estamos viendo en Europa en estos momentos de injusticia social y de indiferencia religiosa). Lo único que tenemos que tener claro es que tenemos que estar abiertos a la sorpresa, a que Dios continuamente nos tire abajo los palos del sombrajo…

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