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El desarrollo de un país

2 marzo, 2012

Esta entrada se la dedico a Fran, que sigue nuestro blog y que lo sigue de manera activa: leyendo, reflexionando y contestando. Gracias: nos animas a seguir escribiendo.

Hace unos días me escribió un amigo desde España dándonos las gracias por el blog por ser un espacio enriquecedor y motivador. Sin embargo había un post con el que discordaba y era el titulado “Brazil takes off” en donde se hablaba de cómo está siendo el crecimiento económico en Brasil, a quién está beneficiando y a costa de quienes se produce ese beneficio. Este amigo plantea dos cuestiones acerca del citado artículo que son las siguientes:

1. Hay que tener en cuenta las fases por las que pasa un país antes de desarrollarse y

2. No todo lo que hacen las multinacionales es malo, porque si lo fuera, países como España no se habrían desarrollado.

Empezaremos por este segundo punto, que me parece más objetivo. Una empresa no es una fundación caritativa y por tanto no busca el desarrollo más que de su propio beneficio.Cuando hablamos de empresas multinacionales que producen en un sitio, venden en otro, tienen su sede en otro y sus accionistas repartidos por todo el mundo, el rostro humano se pierde completamente: ¿a quién le importan las condiciones laborales de sus empleados? Fijémonos en las maquilas centroamericanas: industrias (por ejemplo textiles) que se asientan en El Salvador, Guatemala, Panamá… en terrenos cedidos o semicedidos por el Estado, con flexibilidad fiscal y dentro de cuyos muros los convenios de la Organización Internacional del Trabajo no existen, con jornadas de 12, 14 horas diarias, sin seguridad social, sin seguro de desempleo y donde no existe la figura: “despido improcedente”: si te quedas embarazada te vas. La población del campo va a la ciudad a trabajar en ellas atraídas por el dinero, pasan a vivir en suburbios sin servicios: sin agua, sin luz, sin alcantarillado, sin puestos médicos… donde más y mayor es la violencia, el tráfico de droga, la prostitución. Ese es el desarrollo que llevan a las masificadas ciudades. Y eso por no hablar de la extracción casi gratis de recursos (mineros, aguas, energía, etc) que produce una enorme huella ecológica. Brasil es uno de los países con legislación medioambiental más dura. Aún así las empresas pagan entre un 1% y un 4% del valor del mineral extraído como “compensación financiera” a la administración pública. Desde luego, el desarrollo aquí no se ve.

Pero más que estas cosas, que cualquiera que viva en nuestro continente ve, me gustaría profundizar un poco en la cuestión del “desarrollo”.

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Para empezar, generalmente hablamos de desarrollo como la situación que se vive en Europa y creemos que todos los países tiene que recorrer un camino más o menos duro hasta llegar a donde estamos nosotros. De hecho, la misma catalogación países desarrollados-países en vías de desarrollo-países subdesarrollados nos indica cuales son las fases de ese camino. Eso aprendimos en Sociales en EGB. No deja se ser una visión eurocéntrica en donde nosotros nos creemos que marcamos la pauta del resto del mundo. Aunque fuera verdad que el desarrollo de Europa es la meta del resto de la Humanidad (que me parece mucho decir) ¿cómo podemos olvidar los factores geográficos, históricos, políticos, etc. que nos han llevado a donde estamos y que otros países no han tenido o no tienen? El expolio de América y, más recientemente, de África, son ejemplos de que el desarrollo de Europa ha sido a costa de otros. ¿De dónde van a sacar ellos para desarrollarse? Felipe V saneó la maltrecha tesorería española a principios del siglo XVIII con el lucrativo comercio de esclavos del golfo de Guinea, en el que iba a medias con la Reina Ana de Inglaterra y con Luis XIV de Francia. ¿A quién van a esclavizar los cameruneses para sanear su economía?

Pero es que además entramos aún con más profundidad en el concepto mismo de desarrollo. ¿Qué es el desarrollo? Y, sobre todo, ¿para qué sirve el desarrollo? No podemos perder de vista que es un concepto europeo y, como tal, se interpreta según los parámetros de nuestra cultura. Y, por ser un concepto relativo hay que tener mucho cuidado al aplicarlo a culturas y sociedades que no son la nuestra.

En su libro “El final de la pobreza” , Jeffrey Sachs (cito de memoria porque no tengo el libro aquí en Brasil) dice que el desarrollo es una escalera apoyada contra un muro: que lo difícil es llegar a la escalera, pero que una vez que empezamos a subir podemos ser más lentos o más rápidos pero poco a poco nos vamos desarrollando. Y pone como ejemplo que una mujer india que va del campo a trabajar a la ciudad en condiciones de explotación sufre una injusticia, pero que sus hijos podrán educarse en la ciudad, ser más conscientes de sus derechos y así es como se produce el desarrollo. La afirmación es dudosa, porque es extrapolar lo que aconteció en Europa a la India, además de que no tiene en cuenta un aspecto fundamental y es que el que está arriba de la escalera le pega una patada para que nadie más pueda subir. Pero además de eso se olvida de lo fundamental.

¿Y qué es lo fundamental? la mirada de Dios. San Ignacio en sus ejercicios lo describe de un modo muy bonito: como la Trinidad mira el mundo y ve […]  las personas, las unas y las otras; y primero las de la haz de la tierra, en tanta diversidad, así en trajes como en gestos: unos blancos y otros negros, unos en paz y otros en guerra, unos llorando y otros riendo, unos sanos, otros enfermos, unos nasciendo y otros muriendo. La Trinidad no ve cifras, ni números ni estadísticas, ni hace los cálculos pragmáticos de Cleofás: “conviene que muera uno sólo por el pueblo”  (Jn 11, 50). Sólo intentando ver con los ojos de Dios y sintiendo con el corazón de Dios es que podemos percibir las injusticias y el dolor. Y es ahí, en el sufrimiento de tantas personas a lo largo de tantos siglos, en donde no podemos callar: un sistema que produce tanto dolor es injusto. Y es un dolor real, que en Brasil y en tantos países -los de Europa incluidos-, se vive día a día.

Estamos en Cuaresma. Es el tiempo del retorno al Padre que ha salido a la puerta a esperarnos. No vayamos solos: invitemos a la fiesta a todos los que están por los caminos. Primero en esta vida y luego en la otra.